Rutina de trabajo
María, una mujer de 38 años, madre soltera de dos niños, trabaja como empleada doméstica en una lujosa casa del Poblado, un exclusivo sector de Medellín. Se levanta de la cama con un ligero dolor de espalda, producto de la jornada del día anterior. Se prepara un café aguado y un pan con arequipe mientras revisa su celular.
María: (Suspira) Ojalá que la señora Laura no esté tan exigente hoy.
María se viste con un vestido azul y un mandil blanco. Toma su bolso y se dirige a la parada del autobús. María viaja en un autobús abarrotado de gente.
Señora: ¿Usted trabaja en El Poblado, mija?
María: Sí, señora. ¿Y usted?
Señora: Yo también. Trabajo como niñera en una casa de la Loma de los Bernal.
María: ¡Qué bueno! Ese sector es muy bonito.
Señora: Sí, pero el trabajo es duro. Hay que aguantar las exigencias de los patrones.
María: Eso sí es verdad. A mí me toca lidiar con la señora Laura, que es bastante quisquillosa.
Señora: Ánimo, mija. La vida nos pone estas pruebas para que seamos más fuertes.
María: Gracias, señora. Usted sí que sabe hablar bonito.
María se baja del autobús y camina hacia la casa donde trabaja. Es una mansión de tres pisos con piscina, jardín y garaje para dos carros. María toca el timbre y la recibe la señora Laura.
Señora Laura: Buenos días, María. ¿Llegó puntual?
María: Sí, señora Laura. Buenos días.
Señora Laura: Perfecto. Entre y póngase a trabajar. Hoy hay mucho que hacer.
María: Sí, señora.
María comienza su jornada de trabajo. Limpia la casa, lava los platos, plancha la ropa y hace las compras. La señora Laura la observa constantemente y le hace comentarios sobre su trabajo.
Señora Laura: María, ¿ya limpió el baño del segundo piso?
María: Sí, señora Laura. Ya está listo.
Señora Laura: ¿Y el polvo de las lámparas? No lo veo muy bien.
María: (Disculpándose) Lo siento, señora Laura. Enseguida lo hago.
María trabaja sin parar hasta la hora del almuerzo. Come una empanada fría que trajo de su casa y luego continúa con su trabajo. En la tarde, María termina de limpiar la casa y se prepara para irse. La señora Laura le da el dinero del día.
Señora Laura: Aquí tiene su pago, María.
María: Gracias, señora Laura.
Señora Laura: ¿Y sus hijos? ¿Cómo están?
María: Bien, señora Laura. Gracias por preguntar.
Señora Laura: Asegúrese de que estudien y hagan sus tareas. La educación es lo único que les va a sacar adelante en la vida.
María: Sí, señora Laura. Yo me esfuerzo para darles lo mejor.
María se despide de la señora Laura y se va a casa. Llega cansada y con dolor de pies. Sin embargo, tiene una sonrisa en su rostro. Sabe que su trabajo duro le dará a sus hijos la oportunidad de tener un futuro mejor.
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