
El sol de la mañana se filtraba entre las hojas de plátano, iluminando la pequeña parcela de café en la que Alejandro, un hombre de 50, revisaba las matas con una mirada preocupada. A su lado, Marina, su esposa, de 48 años y con la fuerza inquebrantable de las mujeres campesinas, preparaba el almuerzo en un fogón de leña.
Alejandro: Este año el café está más berraco que nunca. La cosecha es escasa y los precios bajan cada vez más.
Marina: Ni me lo digas, Alejandro. Ya no sé cómo vamos a hacer para pagar las cuentas y sacar adelante a los muchachos.