La familia cafetera
El sol de la mañana se filtraba entre las hojas de plátano, iluminando la pequeña parcela de café en la que Alejandro, un hombre de 50, revisaba las matas con una mirada preocupada. A su lado, Marina, su esposa, de 48 años y con la fuerza inquebrantable de las mujeres campesinas, preparaba el almuerzo en un fogón de leña.
Alejandro: Este año el café está más berraco que nunca. La cosecha es escasa y los precios bajan cada vez más.
Marina: Ni me lo digas, Alejandro. Ya no sé cómo vamos a hacer para pagar las cuentas y sacar adelante a los muchachos.
Alejandro: (Golpea la tierra con el azadón) Yo tampoco, Marina. Esta tradición cafetera que tanto nos ha costado levantar se nos está viniendo abajo.
Marina: No te desanimes, viejo. Siempre hemos encontrado la manera de salir adelante.
Alejandro: Sí, pero esta vez es diferente. Los jóvenes no quieren saber nada del café. Buscan otras oportunidades en la ciudad, donde creen que la vida es más fácil.
Marina: Es verdad. Juan ya se fue a estudiar a Medellín y Mariana quiere seguir sus pasos. No sé cómo vamos a convencerlos de que se queden aquí, en su tierra.
Alejandro: Tenemos que hablar con ellos, Marina. Hacerles entender que esto no solo es un trabajo, sino una herencia, una forma de vida.
Marina: Tienes razón. Debemos recordarles el orgullo que significa trabajar la tierra que nos vio nacer, el valor de cultivar un producto que nos identifica como colombianos.
Alejandro: Y quién sabe, tal vez con el tiempo, ellos encuentren la pasión por el café que nosotros sentimos y decidan continuar con la tradición familiar.
Marina: No lo dudo, Alejandro. La sangre cafetera corre por sus venas, tarde o temprano lo sentirán.
Alejandro: Mientras tanto, seguiremos luchando por mantener este legado, por nuestro futuro y el de nuestros hijos.
Marina: Juntos, como siempre lo hemos hecho, Alejandro.
En los días siguientes, Alejandro y Marina conversaron con Juan y Mariana sobre la importancia del café en sus vidas.
Alejandro: Sabemos que existen dificultades, pero también es satisfactorio vivir de lo que nos da la madre tierra.
Marina: De generación en generación nos hemos esforzado para vivir una vida digna a partir del café.
Las palabras de sus padres calaron hondo en los corazones de los jóvenes. Juan y Mariana comprendieron que el café era mucho más que un simple producto, era una parte de su identidad y la de su familia.