
En la vereda La Esperanza, un pequeño pueblo colombiano, Miguel y Lucía se preparaban para un nuevo desafío: el torneo de fútbol aficionado. Miguel, con su camiseta roja desteñida y botas embarradas, daba indicaciones a sus compañeros. Lucía, la capitana del equipo, observaba atentamente, lista para entrar al campo.
Miguel: ¡Muchachos, vamos a darle con todo ! Hoy nos jugamos el honor de La Esperanza.
Juancho: ¡Tranquilo, mijo ! Estos manes no nos van a ganar.