Fútbol aficionado
En la vereda La Esperanza, un pequeño pueblo colombiano, Miguel y Lucía se preparaban para un nuevo desafío: el torneo de fútbol aficionado. Miguel, con su camiseta roja desteñida y botas embarradas, daba indicaciones a sus compañeros. Lucía, la capitana del equipo, observaba atentamente, lista para entrar al campo.
Miguel: ¡Muchachos, vamos a darle con todo! Hoy nos jugamos el honor de La Esperanza.
Juancho: ¡Tranquilo, mijo! Estos manes no nos van a ganar.
Pedro: ¡Eso sí! Tenemos que meterles más goles que a una piñata.
Lucía: ¡Bien dicho, Pedro! Salgamos a la cancha con con garra y corazón. ¡Somos el Once de la Vereda y vamos a dejar el nombre en alto!
El partido comenzó con un buen ritmo. El Once de la Vereda dominaba el juego, pero el equipo rival no se rendía. Miguel, con su habilidad, regateaba a los defensas como si fueran conos.
Doña Carmen: ¡Vamos, mija Lucía! ¡Dele duro a esos pelaos!
Don José: ¡Ese es mi muchacho, Miguel! ¡Métele un golazo!
La tensión crecía con cada minuto que pasaba. El marcador estaba empatado y el tiempo se agotaba. De repente, Miguel recibió un pase en profundidad y se lanzó en una carrera imparable hacia el arco rival.
Persona 1: ¡Vamos Miguel, confiamos en ti!
Persona 2: ¡Vamos por ese golazo!
Tribuna: ¡Goooooool!
El partido finalizó con la victoria del Once de la Vereda. Los jugadores se abrazaban entre sí, empapados de sudor y alegría. Miguel, con los ojos llenos de lágrimas, levantó la copa de campeón. Lucía, a su lado, sonreía con orgullo.
Miguel: ¡Lo logramos! ¡Somos los campeones!
Lucía: ¡Gracias a todos por su esfuerzo! Este triunfo es de la vereda La Esperanza.
La noche llegó a La Esperanza, pero la celebración no se detenía. En la plaza del pueblo, se improvisó una fiesta con música, baile y comida criolla. Los jugadores del Once de la Vereda eran los héroes del momento, recibiendo felicitaciones y abrazos de sus vecinos.
Don Alberto: ¡Estos muchachos son un orgullo para la vereda!
Doña María: ¡El fútbol nos une y nos hace sentir orgullosos de ser de La Esperanza!
Lucía: Muchas gracias por todo su apoyo, es muy chimba sentir que logramos algo.
Miguel: ¡Estamos preparados para seguir cosechando más logros!
El Once de la Vereda no solo ganó un torneo de fútbol. Demostró que la pasión por el deporte puede unir a una comunidad y crear un sentimiento de identidad y pertenencia.
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