El voluntariado

En las afueras de Cartagena, Colombia, Ángel, un joven voluntario comprometido con la comunidad, se encuentra trabajando en proyectos para abordar la pobreza y la falta de acceso a la educación. Romina, una residente local, se acerca para conversar sobre los cambios que han experimentado en la comunidad. La escena se desarrolla en una pequeña plaza donde los niños juegan y los adultos participan en actividades comunitarias.

Ángel: ¡Hola, Romina! ¿Cómo va todo por aquí?
Romina: ¡Hola, Ángel! Gracias a Dios, hemos tenido algunos cambios gracias a tus proyectos.
Ángel: ¡Es una chimba, me alegra escuchar eso! Pero aún hay mucho por hacer.
Romina: Sí, pero la escuela que construyeron ha sido genial para los niños. Ahora tienen un lugar decente para estudiar.
Ángel: Eso me llena de alegría. La educación es la semilla que puede cambiarlo todo.
Romina: Además, los talleres que organizan han dado a la gente nuevas habilidades. Mi esposo aprendió a reparar bicicletas y ahora tiene su propio taller.
Ángel: ¡Eso es genial! Los talleres están pensados para empoderar a la comunidad.

En la plaza, algunos niños juegan con una pelota improvisada mientras otros observan las actividades comunitarias.

Romina: Y lo del comedor comunitario ha sido una bendición, Ángel. Muchas familias han dejado de pasar hambre.
Ángel: La falta de acceso a alimentos es un problema que nadie debería enfrentar. Estamos tratando de asegurarnos de que todos tengan algo en el plato.
Romina: Gracias a Dios por personas como tú, Ángel. Antes, éramos como sardinos apretados en la lata, pero ahora hay más esperanza.
Ángel: No es solo mi trabajo, Romina. Es un esfuerzo conjunto de la comunidad.

Romina señala hacia un mural colorido que adorna una pared cercana.

Romina: Y ese mural, ¿también es parte de tu proyecto?
Ángel: Sí, lo pintamos con los niños y algunos artistas locales. Queríamos darle vida y color a la plaza.
Romina: ¡Me encanta! Los niños lo disfrutan mucho.
Ángel: Y eso es lo más importante. Queremos que este lugar sea un espacio donde los niños puedan crecer, aprender y soñar.
Niño 1: ¡Ángel, Ángel! ¿Hoy hay taller de arte?
Ángel: ¡Claro, parcerito! Vamos a preparar los materiales. ¿Quién más se apunta?
Niño 2: ¡Yo, yo!

Romina observa con una sonrisa mientras Ángel organiza el taller con entusiasmo.

Romina: Realmente has logrado mucho aquí, Ángel.
Ángel: Gracias, Romina. Pero siempre hay más por hacer. Queremos construir una biblioteca y mejorar las instalaciones deportivas para los jóvenes.
Romina: ¡Eso suena maravilloso! Cada cambio es como una semilla que crece y se convierte en algo hermoso.
Ángel: Exacto, Romina. Y tú también formas parte de esto. La comunidad es fuerte cuando todos trabajamos juntos.

Romina y Ángel continúan conversando mientras los niños se suman al taller de arte. La plaza bulle de vida y risas, mostrando cómo el servicio social puede sembrar esperanza y transformar comunidades enteras.

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