El recolector de café

La historia se desarrolla en una pequeña finca cafetera ubicada en las verdes montañas de Risaralda, Colombia. Alejandro, un experimentado recolector de café, comparte sus vivencias con Laura, una periodista interesada en conocer la realidad de los trabajadores del campo. El aroma a café fresco llena el aire, y se escuchan los sonidos de la naturaleza en el fondo. Alejandro, con manos curtidas y un sombrero de ala ancha, se sienta frente a ella.

Laura: Alejandro, cuéntame más sobre tu trabajo en la cosecha de café. ¿Cómo afecta tu vida?
Alejandro: Ay, señorita Laura, el café es vida para nosotros. Desde que sale el sol hasta que se esconde, estamos en el cafetal. La temporada de cosecha, esa sí que marca el ritmo de nuestras vidas.
Laura: ¿Cómo es eso?
Alejandro: Verá, cuando empieza la temporada, nos levantamos con el gallo, antes de que el sol se asome. No hay tiempo para flojeras. Las manos se nos ponen como piedra de tanto coger granos, pero eso es la realidad de ser caficultor.
Laura: ¿Y cómo impacta eso en su día a día?
Alejandro: Pues, mire, en la cosecha todo cambia. No hay descanso. Las horas se estiran como una loma sin final. Y la plata que ganamos en esa época es lo que nos sostiene durante el resto del año.
Laura: Ya veo.
Alejandro: Es cuando más se siente el peso del trabajo, pero también es cuando más se agradece el fruto de la tierra.
Laura: ¿Y cómo ven ustedes el impacto del café en la economía colombiana?
Alejandro: El café es el oro negro de Colombia, señorita. Lo que recogemos aquí, en estas laderas, va a parar a tazas de todo el mundo. Es un orgullo, pero también hay que decir que el precio a veces no es justo.
Laura: ¿Cómo se llevan con la incertidumbre de los precios?
Alejandro: Eso es lo que más duele, señorita Laura. Uno nunca sabe si el próximo año va a ser bueno o malo en términos de precios. Y ahí estamos, jugándonosla con la cosecha. Pero lo que sí sé es que este café es de calidad, y deberíamos recibir lo justo por ello.
Laura: ¿Qué cambiaría para mejorar la situación de los caficultores?
Alejandro: Necesitamos más apoyo, más respaldo. Los gobiernos hablan mucho, pero a veces parece que nos olvidan. Menos trámites, más ayuda real. Que se valore nuestro esfuerzo y no se quede solo en discursos bonitos.
Laura: ¿Y cómo ve el futuro de la caficultura en Colombia?
Alejandro: Somos cafeteros de corazón, señorita. El café corre por nuestras venas. A pesar de las dificultades, siempre vamos a seguir cultivando esta tierra. Pero necesitamos que se nos reconozca, que se nos respalde. El futuro será lo que nosotros hagamos de él.
Laura: Entiendo, Alejandro. Gracias por compartir su historia.
Alejandro: Gracias a usted, señorita Laura, por escucharnos. El café es nuestra vida, y siempre estaremos aquí, en las montañas de Risaralda, luchando por un mejor mañana.

La entrevista revela la dura realidad de los caficultores en Colombia, destacando la importancia de su trabajo en la economía y la necesidad de un mayor apoyo y reconocimiento. La esperanza y el compromiso de Alejandro reflejan en los trabajadores del campo en busca de un futuro más justo.

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