
Desde el camino, Daniela ya no toca. Leonardo la oye abrir la reja. Cuelga la bolsa del asa y los perros la siguen, con la cola quieta.
“Ya te conocen más que a mí”, dice Leonardo. Daniela saca dos huevos y los pone en su palma. Los parte en un plato y el centro queda amarillo.
“Esos dos no van en la nota, los pago yo”, avisa. Leonardo cuenta y calla. Son dos menos cada día.