
Una luz dorada entra por el patio y Lucía muele granos de choclo con un molinillo.
La cocina, en Cuenca, Ecuador, recibe el sábado por la mañana en silencio.
Daniela: Hola, hermana. Ya estoy aquí. Lucía: ¡Por fin! ¿Y el viaje? Daniela: Largo, pero bien. Vengo del mercado. Las hojas están frescas. Lucía: Qué bueno. Las dejo en agua un momento. Tú siéntate. Daniela: No, déjame ayudar. Si me siento, me duermo.