
Una sandía partida espera en el colador de Esteban cuando Marcela llega al mediodía. Saborea una tajada y el frasco amargo le sabe soso.
El patrón dejó una lista de diez cosas y una cuenta sin firmar en el plato hondo.
“Te las paga todas juntas”, le explica Esteban. “Pero quiere un precio para el lote, no diez precios sueltos.” Marcela resta lo que ya cobró.