
Una lona negra no sirve mal amarrada. RaĂșl la mete al techo y la deja floja. Mariana desdobla su rollo y lo estira.
âYo vendo mientras llueve, no me voy de aquĂâ, insiste RaĂșl. Mariana guarda los billetes, voltea las cajas y mira las nubes. âNadie se para con el agua, ni unoâ, contesta ella.
RaĂșl se queda dos horas de pie y se enfrĂa. El agua helada le llega al tobillo. Nadie baja del camiĂłn ni pregunta precios.