
Mariana estira una servilleta doblada y pone tres platos en la mesa grande. En la canasta hay pandebonos y el café huele dulce.
Una mĂ©dica del barrio entra con bata azul. Cuenta los platos y se detiene en la puerta. âUstedes esperan a alguienâ, dice. âVuelvo mĂĄs tardeâ, añade.
AndrĂ©s levanta la vista. âAquĂ no falta nadieâ, responde. Ella señala el tercer plato y no se mueve. âÂżY ese de quiĂ©n es?â, insiste.