
Llegan el domingo, donde Marcela y Raquel trabajan. Huele a sardina. Gerardo baja del yate ajeno por el atajo.
En la mesa hay un estuche, una cazuela colorida y una correa complicada. Gerardo compara dos podadoras y calla.
“Yo me quedo el puesto”, dice Gerardo, y no lo pregunta. “Tú aquí ganas más y te cansas menos.” “Entonces es tuyo”, contesta Marcela. “Desde hoy y sin vuelta.”