
En la terraza, mirando el lago del sur, Benjamín arrancó una historia bien choro. "Resulta que el weón llegó con la weá, y le pasó la otra weá al otro weón", contaba entusiasmado. Javiera lo miraba con cara de perdida, sin cachar absolutamente nada.
"Oye, no se te entiende ni una cuando hablái así, po", lo cortó ella. Benjamín la miró como si el problema fuera de ella y no de su relato. Nico se cagaba de la risa con el weveo cuático que se armaba.
Para Javiera, hablar así de enredado era la cosa más fome del mundo. Encontraba que puro weón y pura weá dejaban la conversación como las pelotas. Pensaba que hablaban en clave a propósito para…