
La Ciudadela tiene un puesto nuevo: cien rosas de Alondra. Huele a rosa todo el día. La gente mira las rosas sin comprar.
A las once pasa un mariachi. Canta una serenata para la vecina del puesto de al lado. La vecina llora de alegría. “¡Es mi novio!”, grita. Alondra pregunta: “¿Y una rosa?” La vecina contesta: “Ya tengo rosas. Él regala rosas.”
Un hombre compra un peluche. Alondra dice: “Una rosa para el peluche.” El hombre contesta: “No, gracias.” Alondra cuenta otra vez: cien. Ya no vende.