
La camioneta de Gerardo no prende. Marcela abre el cofre, encuentra una tuerca suelta y la aprieta con un alicate.
El motor arranca veinte minutos tarde. Cuando llegan, el sitio de siempre está ocupado: el toldo verde ahora cubre un puesto de zapatos gastados.
“Nos ponemos juntos y ya”, propone Gerardo. “Yo tengo sombra y tú no tienes nada.” “Sola vendo más”, contesta Marcela. “Tú también lo sabes, cada domingo.”