
Los sábados, la palomilla de Nayeli se juntaba en el zócalo de Oaxaca a echar relajo hasta que dolía la panza. En ese grupo, el que se picaba por una broma ya había perdido. Esa tarde el blanco fue Rodrigo, que llegó estrenando unos tenis bien fresas.
Itzel arrancó luego luego, diciendo que con esos tenis ya se sentía muy fifí. Nayeli remató preguntándole si había vendido un riñón para pagarlos. El vato aguantó vara sin enojarse, porque defenderse solo lo iba a hundir más.
En lugar de rajarse, les siguió la corriente e inventó que los tenis eran de oro. Cuando Nayeli le preguntó si ya se sentía muy salsa, Rodrigo soltó una carcajada. "Nomás me…