
Era un sábado brillante en Buenos Aires. María y sus amigos decidieron explorar San Telmo, un barrio lleno de vida. Caminaban por calles empedradas, admirando los colores de los mercados.
"Miren estas antigüedades!" exclamó Lucas, señalando una tienda pequeña. Su entusiasmo era contagioso. Pero, al pasar, el hambre comenzó a hacer ruido.
"¿Vamos a comer?" preguntó Sofía, sintiendo que el aroma de las empanadas la llamaba. Todos asintieron, menos Lucía.