
La gente del malecón busca a Marcela el sábado y Raquel le presta la mesa. Un velero llega con la vela arrugada.
Un kayak no cabe en su sitio y una sombrilla quedó chocada por el viento.
Marcela coloca las cosas en fila sobre la piedra y comprueba cada una. Son diez trabajos y el domingo es del tianguis.
“No me da el fin de semana”, le dice a Raquel. “Cada domingo pierdo el sábado, y el sábado pierdo el domingo.” “Pues parte la semana”, responde Raquel. “Nadie aguanta los dos días.”
Raquel agita la mano hacia la orilla amplia, que hoy está ocupada. Un cangrejo cruza entre las chanclas de los turistas. El agua brilla y Marcela alza la vista.
Está cansada y va atrasada con todo. “Dile a Gerardo que se quede el puesto este domingo”, propone Raquel. “Solo este.” Marcela marca su número y no cuelga hasta que contesta.