
A las seis de la mañana suenan las campanas. Saúl dice: “Ya vienen.” La procesión sale de la iglesia. Cien hombres cargan las andas. La gente empuja. Hay incienso y humo. Todos caminan detrás.
Rosa pregunta: “¿Y la alfombra?” Saúl contesta: “Mira.” La procesión crece. Llega a la alfombra. Los primeros pies pisan la flor torcida. Pisan todo.
“No, no, no”, dice Rosa. Saúl está a su lado. “Sí”, contesta. “Para eso es. Para pisar.” En cinco minutos, la alfombra desaparece.