
Dos tenazas y un pedazo de bronce viajan el viernes con Marcela a la plazoleta.
Quiere que Rodrigo la presente con los otros grupos. “Cada uno tiene su técnico”, le explica él, apoyado en el poste de la cartelera. “El mío lleva veinte años con nosotros y no me falla.”
“Déjame quedarme a ver cómo trabajan”, pide Marcela. “Hoy no te cobro nada.” Ella no insiste más.