
Sobre la terraza se acaba la luz de la tarde. La médica del barrio aguarda sentada, con el teléfono en la mano y un timbre de bronce que brilla al lado. Andrés se demora.
Mariana levanta la vista hacia la puerta. âĂl viene hace ratoâ, dice, tranquila. La mĂ©dica anota otra vez, suspira y bosteza.
AndrĂ©s trae la canasta de pandebonos y duda en la puerta. âYo la busco en la misaâ, explica, cansado.