
Cada jueves Camila llega. Se quita los zapatos y sube descalza. Los pasajeros suben en bola como siempre.
“Hoy el agua está suave”, nota ella, contenta. Marco amarra la cuerda con vuelta y media. “Suave hoy, mañana quién sabe”, contesta.
La lancha baila y suena el motor. “Aquí me acuesto un rato”, dice Camila. Hace frío y el aire sale salado y fresco.