
Antes de las seis Ismael baja la maleta. Lorena cuenta las cobijas grises. Una está arriba, doblada y fina.
“Esa me la quedo, se la pago”, ofrece él. Lorena sube y la baja hecha bulto. “Yo no vendo cobijas, nada más las presto”, contesta ella.
Ismael saca el pago del mes en el pasillo. Lorena cuenta los billetes y regresa dos. “Falta para una nueva, no para esa vieja”, explica.