
Dos argollas quedan solas en la pared. Emiliano dobla la hamaca en cuatro y amarra las puntas. No cabe en la mochila con la cobija gruesa.
“¿Y si la dejo aquĂ y la compro allá?”, pregunta. Jimena se rĂe sin ruido, como siempre. “Allá no venden de estas, son nada más de aquĂ”, contesta.
Emiliano saca la cobija y la deja en la silla. En Zacatecas hace frĂo de noche. “Esa sĂ la voy a extrañar”, dice, y cierra la mochila.