
La salsa atronaba en un bar de Chapinero y las luces rojas barrían la pista atestada. Manuela bailaba pegada a Vale, su prima parrandera de toda la vida. Camilo, el tercero del combo, cuidaba la mesa mientras las cervezas iban cayendo una tras otra.
"¡Esta rumba sí quedó buena, parceros!", exclamó Vale por encima de la música. El mesero les trajo una botella de guaro y tres copitas heladas. Camilo repartió el aguardiente y los tres brindaron entre risas.
Manu ya sentía el guayabo del otro día asomarse, pero le importó un pepino. Estaba decidida a gozarse la noche entera sin pensar en nada más. Bailó y bailó hasta que las piernas le pidieron…