
El martes, delante de Lucía y Martín, Elena paró un tiro con la mano y el dedo crujió. Esguince: vendaje, hielo y dos semanas sin sellar. “¿Y la final?” “Con esa mano, ni loca”, dijo Lucía. El sábado era la final del torneo: habían eliminado a dos equipos y se habían clasificado.
Se quejó poco y llevó los guantes por si acaso. Lucía le miró el vendaje. “¿Cierras la mano?” “Casi.” “Casi no para, y la de siempre ya está bien. Hoy eres de repuesto”, dijo, resignada. “Vale”, contestó Elena como si nada, y le dolió como si le hubieran quitado algo suyo.
Vio la victoria desde el banquillo. “¿Estás bien? Tienes cara de banquillo”, preguntó Martín.…