
Camila, una joven de Barranquilla, tiene un puesto. Quien ayuda en el puesto es Daniela. El puesto está en el mercado, en Barranquilla. Vende máscaras y muñecos. El mercado está en obras. Hay polvo, ruido y humo.
Mateo es el hombre del taller, junto al puesto. Mateo arregla cosas rotas. Hoy lee un papel en voz alta: “El puesto grande es para algo especial. Es la primera pieza.” Camila pregunta: “¿QuĂ© es?” Mateo sonrĂe. “Nadie tiene esa cosa.”
Es temprano. Camila tiene una idea: pintar su propia máscara. “Empiezo en febrero”, contesta. “Con mi propio diseño.”