
Desde el muelle, Marco maneja una lancha para seis. Camila, una enfermera de Torreón, llega a las once. Trae una hielera y una bolsa con medicina.
“Esa sale a las siete, con la marea alta”, avisa Marco. Camila mira el agua, que corre para afuera. “¿Y si le pago más y nos vamos ahora?”, pregunta ella.
Marco niega y revisa los asientos, uno por uno. “El agua manda, yo no mando”, responde, y gira la llave del motor. Las olas pegan duro contra las tablas.