
Yiría planta la carpa antes de que salga el sol y acomoda la pesa sobre un cajón. Junto a la Torre del Reloj, en pleno corazón de Cartagena, la palenquera vende su cocada recién hecha. En la batea también carga corozo y zapote maduro. Manu la acompaña esa mañana para ver la jornada de cerca.
A las nueve atraca un crucero enorme y suelta una muchedumbre de gringos en la plaza. Muchos la enfocan con la cámara y le piden una foto con la batea en la cabeza. Ella suelta su pregón igual, sin bajar la sonrisa ni el brazo. «Estos no sueltan un billete ni de vaina», murmura.
Un muchacho quiere la foto y después regatea el precio de una sola cocada.…