
El músico del barrio se para en la puerta con el tiple y el teléfono en la boca. La campana de bronce suena justo encima de él. Andrés aguarda adentro con un pan.
“Estoy en la puerta de la casa amarilla”, murmura el músico. La campana suena otra vez y él lo intenta, molesto.
Andrés oye la nota tres veces y no entiende nada. “Aquí solo suena un campanazo y nada más”, se queja. Mariana cierra la puerta para comprobar.