
Gabriela, la del andén cuatro, despacha el equipaje bajo el techo caliente. Espera Felipe, un plomero de Mexicali. Trae una caja amarrada con mecate.
Felipe la carga hasta la puerta y no cabe. “Esta sube conmigo, junto a mi asiento”, avisa. Gabriela niega y mira la fila.
“Arriba solo cabe una bolsa chica, nada más”, explica ella. “Es herramienta mĂa, es mi trabajo”, contesta Felipe. Él aprieta el mecate con las dos manos.