
Felipe regresa con una bolsa chica. El sol pega fuerte en la piel. Gabriela cuenta boletos y lo reconoce de lejos.
“Hoy sĂ cabe arriba, ya ves, todo en una bolsa”, dice Felipe desde la ventanilla. “¿Y la caja, ya no la traes?”, pregunta Gabriela. “Viene casi vacĂa, mira nada más”, contesta Ă©l.
En la banca saca dos llaves grandes. Pesan más que lo demás. Un albañil se acerca y toca el metal.