
La buseta de Camilo sube llena y el motor suena fuerte en la loma. En el Ășnico puesto libre hay un bolso negro. AndrĂ©s se sienta al lado.
Una pasajera de trenzas se asoma desde el pasillo y pone la mano encima del bolso. AndrĂ©s sujeta el asa sin pensar. âCamilo, Âżeste bolso viaja solo?â, pregunta.
Camilo sonrĂe en el espejo. âEse bolso pasa conmigo todos los dĂasâ, cuenta. âY ella paga dos puestos, no uno.â