
Flor llegó bajoneada y Tomás se ofreció de psicólogo improvisado de la barra. "Contame todo, flaca, que para eso están los amigos", dijo, muy pancho. Se acomodó en el taburete como si fuera un diván carísimo de consultorio.
Flor arrancó a contar que el chabón que le gustaba era un careta total. La había dejado colgada dos veces y encima chamuyaba a otras minas al mismo tiempo. "Es un forro, sacátelo de la cabeza ya", sentenció Tomás con autoridad.
El pibe se mandó una teoría larguísima sobre cómo funcionaba el amor. Hablaba de señales, de códigos y de banderas rojas como todo un experto del tema. Flor lo escuchaba entre sorprendida y aliviada…