
Después de un viaje muy largo, Sofía llega por la tarde a la playa de Tulum, cansada y con dudas de si valió la pena venir tan lejos. En la arena, León la recibe con una gran sonrisa y un coco frío en la mano.
El mar es de un turquesa increíble, la arena es blanca y suave, y unas palmeras altas se mueven cerca del agua. Sofía respira despacio y siente que el cansancio empieza a soltarse.
Mientras toma el agua dulce del coco, el cielo se llena de nubes de repente. Cae una lluvia corta y tibia, y Sofía corre a refugiarse bajo una palapa, riendo con León.