
En el patio está Jimena, la dueña de los cuartos. Emiliano, un plomero de Zacatecas, llega con su mochila. El cuarto tiene dos argollas en la pared y nada más.
“¿Y la cama, dónde está la cama?”, pregunta Emiliano. Jimena le entrega una hamaca doblada. “Aquà nadie duerme en cama, ni con ventilador”, explica ella.
Emiliano amarra la hamaca flojo, de prisa. “Asà se cae en la madrugada”, avisa Jimena. “Yo sé amarrar, soy de allá pero sé”, contesta él.