
El tianguis de los domingos ocupa tres cuadras. Marcela, una vendedora de cosas usadas de Guadalajara, México, cuelga dos blusas de un cordel con ganchos.
Gerardo es un chofer del mismo barrio y le presta su camioneta. Él enchufa el ventilador que Marcela arregló el jueves y las aspas giran despacio, con un ruido parejo.
“Ponle doscientos y no bajes”, dice Gerardo. “Está como nuevo y nadie va a notar nada.” “Está arreglado, y eso no es lo mismo”, responde Marcela. “Yo no vendo mentiras.”