
En la plazoleta está Rodrigo, un trompetista de Guadalajara, México, con el estuche abierto bajo una farola.
El broche de cuero se soltó y esta noche toca con el mariachi de la esquina.
Marcela llega con su canasto. Jala el broche dos veces, lo sujeta con la mano y saca hilo. “Te lo coso ahora”, propone. “Tú dime cuánto vale.” “Sesenta”, arriesga Rodrigo. “Ochenta si quieres que aguante un año”, contesta ella.