
El jueves rodaban dentro del autobús de Martín, que olía a freno caliente. Elena llevaba una libreta: asiento, paraguas, bocadillo de atrezo. Marta, la localizadora del rodaje, le había dicho que si algo cambiaba, la escena no serviría.
El bocadillo desapareció antes de la primera toma. “No mires así”, pidió Martín, con migas en el jersey. “Era de lomo. Estaba solo.”
Elena cerró los ojos. “Has mordido una prueba.” “He salvado comida.” Marta llegó con el equipo técnico. “¿Dónde está el bocadillo?”, preguntó. Elena podía culpar a Martín, pero lo vio pequeño detrás del volante.