
Cuando el Rastro aflojó, quedaban restos de bocadillo, una silla torcida y tres camisetas imposibles. Olía a polvo caliente.
Rosa hizo balance de la recaudación con un lápiz. Martín doblaba lonas sin preguntar.
Elena ordenó las perchas despacio. “La apuesta termina pronto”, dijo. Si venían otro domingo, ya no sería por evitar una regla, sino por compromiso. Martín dejó una lona y dijo que volvían porque querían.