
Nadie les había preguntado. Sonia apuntó a Elena y a Martín al concurso de huertas de otoño y se lo contó el domingo donde la castañera, entre el olor a humo.
“Es un paseo con el jurado”, aseguró. “Y no podéis decir que no.” Eran tres vecinos. Pasaron parcelas que iban a ganar y llegaron a la suya: cuatro filas de ajos, tierra limpia hasta la valla y nada más a la vista. “Casi vacía, pero limpia. Eso también cuenta”, observó Sonia.
“Por lo menos está impecable”, admitió uno. “Impecable, sí. Ni una babosa”, repitió otro. “Esto es de risa”, murmuró Elena, roja; en el fondo, todo Vallecas lo sabía. Martín, humilde, no dijo nada.