
Desde agosto Rodrigo le debe una canción. Marcela lo encuentra en la glorieta, sentado en las baldosas, limpiando una flauta con esmalte.
“El dinero no lo tengo”, reconoce él. “La canción sí. Dime la puerta y vamos.”
Marcela duda, porque una deuda en canciones no paga el camión. Después lo piensa mejor.