
Miles de bicicletas rodaban por la Séptima cerrada al tráfico, y Manuela pedaleaba feliz entre el gentío dominguero. A su lado iba Camilo, su parcero de toda la vida, y Nico, el amigo que organizaba el parche cada fin de semana. "¡Ábranse, que voy sin frenos!", gritó Nico, muerto de la risa.
La ciclovía era un desfile de gomelos en sudadera, deportistas trotando y vendedores de jugo de naranja. Manu sudaba la gota fría subiendo la loma hacia el norte. "Este plan está muy juicioso para mi gusto", jadeó, y Camilo le dio toda la razón.
Doblaron por una calle lateral y el paisaje cambió por completo. En una cancha de tejo, un grupo de manes…