
Manuela llegó a la cocina presumiendo de las casetas de salsa que había reventado toda la semana en Cali. Yésica la observaba divertida desde la puerta, secándose las manos en el delantal. «Bajále a esa bulla de discoteca, mija, que hoy no vas a bailar Cali, la vas a probar», le dijo, y la haló hacia adentro.
Sobre el mesón esperaban una olla de maíz, unos lulos partidos, panela raspada y un bloque de hielo sudando. Yésica le explicó que el champús no se improvisa, que lleva su tiempo y su punto de paciencia. Manuela, acostumbrada a la prisa rola, quiso apurar la mezcla, y se ganó un manotazo cariñoso.
Mientras revolvían la olla, Yésica le…