
Deivis la arranca de la muralla y se ríe. Manu apenas alcanzaba a ver el atardecer sobre las piedras. En Cartagena, la rola llevaba dos días detrás de la misma postal turística.
«Ajá, ¿y viniste hasta acá pa quedarte mirando piedra vieja?», le suelta Deivis. Está mamado de tanto turista en manada y la saca del casco histórico sin pedir permiso. Creció en Getsemaní, lejos de la ciudad amurallada, y camina rápido. Al doblar la esquina lo recibe la brisa del barrio.
Ahí el bochorno pega distinto. Huele a fritanga y retumba un picó en la esquina. Ese aparato escupe champeta vieja sin descanso. Los vecinos ya arrastraron las sillas hasta la acera.…