
En la ruta de las seis, sin Elena, Martín iba tan dormido que una pasajera habitual quiso saber si estaba enfermo. “Es una apuesta”, explicó Martín, y se la contó con detalle. Por lo visto, lo sabía media línea.
Elena se enteró a mediodía por catorce notas: cuidar el gato de la secretaria, presidir la comunidad de un compañero, una cena.
Elena lo llamó pegando otra nota. “¿A cuántos se lo has contado?” “A una.” “¿A una qué?” “A una que coge el autobús con cuarenta más.”