
Camila entró al bar tirándose en la silla, hecha pelota, y largó todo de una. "Che, no doy más con este laburo, boludo", disparó antes de acomodarse bien. Tomás y Flor se miraron, ya listos para el desahogo de siempre.
Según ella, el jefe le mandaba un quilombo tras otro sin respiro ni un gracias. Se quedaba renegando hasta tarde, reventada, mientras los demás rajaban a horario. Encima el sueldo era una miseria, y con ese mango no le alcanzaba para nada.
Tomás la bancó en silencio, dejándola descargar todo el bajón sin interrumpir. Flor le acercó una birra y le dijo que se despachara con confianza. "Está todo mal, es un garrón, me quiero…