
Una alfombra de flores cubre la calle. Es Semana Santa en Ayacucho, PerĂș. Quien llega de noche es Rosa, con las manos vacĂas. Es la tercera vez. En cada calle hay una alfombra: pĂ©talos rojos, aserrĂn morado, aserrĂn amarillo y blanco. Huele a flor mojada.
SaĂșl, un hombre de Ayacucho, dibuja una cruz con aserrĂn teñido. Trabaja despacio, de rodillas. Rosa pregunta: âÂżPuedo ayudar?â SaĂșl no levanta la cabeza. Contesta: âDe rodillas, toda la noche. ÂżAguantas?â
Rosa dice: âEsta vez me quedo hasta el final.â SaĂșl dice: âEsta alfombra no cabe en ninguna casa. Mañana no existe.â Rosa no entiende. La alfombra es hermosa.