
“Parce, esta vez sí le cumplo, ¿oíste?”, grita Tato desde el fogón apenas Manu cruza la puerta. En un barrio empinado de Medellín, la rola llega donde su amigo Tato, un emprendedor paisa de treinta años, y donde doña Fanny, la mamá que reina en esa cocina. Manu suelta una risa incrédula, porque en su último viaje él le juró enseñarle la arepa de la familia y nunca cumplió.
Doña Fanny la abraza con esa calidez paisa que abruma, la sienta y le sirve un tinto antes de que pida nada. “Mija, en esta casa nadie se va con hambre”, sentencia mientras amasa el maíz con las manos. Tato, orgulloso, jura que hoy sí le queda buena la masa, que él para…