
El aceite ya chisporroteaba en el fogón cuando Manu empujó la reja del patio, en pleno Barranquilla. Yina, la dueña del puesto de fritos de la esquina, le gritó un "Qué más, mija" sin soltar la paleta. Su hermano Ronny, taxista y fanático del Junior, estaba tirado en una hamaca con el ventilador a todo lo que daba.
"Ajá, llegó la rola", soltó Ronny, muerto de risa, y Manu no pudo evitar reírse también. Ella venía con el afán bogotano de siempre, con una lista mental de todo lo que quería resolver esa tarde. Yina la miró como a un bicho raro y le explicó que aquí nada se hace con ese afán, sino bien fresco.
"No joda, Manu, relaja, que la…