
La cuesta de la plata no tiene banqueta ni taxi. Natalia baja con dos cajas y zapatos buenos. Alonso baja detrás, con las manos libres.
“¿No sube un taxi hasta el taller de arriba?”, pregunta Natalia. Alonso señala los escalones de la calle. “Aquí sube el burro, el taxi no sube”, contesta él.
Natalia baja los escalones de lado, sin miedo. Los zapatos le aprietan en el talón. A la mitad de la cuesta ya trae dos ampollas.